Una nueva ley que entra en vigor hoy, 1 de enero, en Virginia cambiaría significativamente la forma en que los niños menores de 16 años pueden usar las redes sociales y plantea una gran pregunta a nivel local… ¿le gustaría ver algo así en Maryland?
En pocas palabras, la ley exige que las plataformas de redes sociales determinen si un usuario es menor de 16 años y, de ser así, limiten automáticamente el uso de cada aplicación a una hora diaria. El límite se aplica por aplicación, no a todas las plataformas juntas. Esto significa una hora en TikTok, una hora en Instagram, una hora en Snapchat, etc. Los padres pueden aumentar o disminuir este límite de tiempo, pero solo con su consentimiento verificado.
Las empresas de redes sociales deben utilizar métodos comercialmente razonables para determinar la edad de un usuario. Esto puede incluir herramientas neutrales de detección de edad o señales de un dispositivo o navegador, como la configuración de privacidad que indica que el usuario debe ser tratado como menor de edad. Si un teléfono o navegador identifica al usuario como menor de 16 años, la plataforma debe tratarlo como tal.
La ley también limita el uso que las empresas hacen de los datos de verificación de edad. Toda información recopilada para determinar la edad de un usuario solo puede utilizarse con ese fin y para ofrecer experiencias apropiadas para su edad. No puede utilizarse para publicidad ni para ningún otro tipo de seguimiento no relacionado.
Es importante destacar que la ley no otorga a los padres acceso a las cuentas de redes sociales de sus hijos. Incluso si un padre aprueba el tiempo adicional de pantalla, las plataformas no están obligadas a permitirles leer mensajes, ver publicaciones ni controlar la cuenta más allá de los límites de tiempo establecidos.
La ley también impide que las plataformas penalicen a los menores por alcanzar el límite de una hora. Las empresas de redes sociales no pueden reducir la calidad del servicio, bloquear funciones ni cobrar precios más altos solo porque un menor esté limitado a una hora al día. Sin embargo, las plataformas aún pueden ofrecer diferentes versiones de servicios para menores, incluyendo opciones gratuitas o restringidas, siempre que dichas diferencias estén vinculadas a la privacidad o al cumplimiento legal.
Quienes apoyan leyes como esta afirman que abordan la creciente preocupación por la adicción a las pantallas, la salud mental y el uso excesivo de las redes sociales entre los menores. Los críticos plantean preguntas sobre la privacidad, la aplicación de la ley y si la verificación de edad genera nuevos riesgos o desvía la responsabilidad de las familias.
Dado que los legisladores de Maryland suelen debatir sobre la salud mental juvenil y la seguridad en línea, este tipo de ley genera un debate local evidente. ¿Apoyarían los padres límites de tiempo automáticos y vinculantes? ¿Encontrarían los adolescentes soluciones alternativas? ¿Y debería Maryland exigir a las empresas tecnológicas que impongan límites que a muchas familias ya les cuesta establecer en casa?
Al final todo se reduce a una pregunta más amplia: ¿te gustaría ver una ley como ésta en Maryland?
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