Foto: Cortesía de MedStar Montgomery

Septiembre es el Mes de Concientización sobre la Enfermedad Arterial Periférica, y un cirujano vascular del Centro Médico MedStar Montgomery (Olney) anima a la gente a no descartar el dolor recurrente en las piernas o la dificultad para caminar como algo normal propio del envejecimiento.

La enfermedad arterial periférica (EAP) se produce cuando se acumula placa en las arterias que irrigan las piernas, lo que reduce el flujo sanguíneo a los músculos y tejidos. Uno de los síntomas más comunes es dolor, calambres, pesadez o fatiga en las piernas al caminar, síntomas que mejoran con el reposo.

“Lamentablemente, muchos pacientes asumen que esto es simplemente parte del envejecimiento y pueden vivir con estos síntomas durante años antes de ser evaluados”, dijo la Dra. Danielle Salazar, cirujana vascular del Centro Médico MedStar Montgomery.

La enfermedad arterial periférica (EAP) puede variar desde una forma leve con pocos o ningún síntoma perceptible hasta casos más graves que incluyen dolor en los pies en reposo, disminución de la capacidad para caminar o heridas que no cicatrizan. La EAP avanzada puede progresar a isquemia crónica que amenaza la extremidad, en la que un flujo sanguíneo insuficiente pone en riesgo los tejidos y la extremidad.

Según Salazar, las señales de alerta, como una herida que no cicatriza, dolor persistente en el pie o en los dedos del pie, cambios en el color de la piel o una mayor dificultad para caminar, deberían motivar una evaluación.

La enfermedad arterial periférica (EAP) también puede indicar una enfermedad cardiovascular en otras partes del cuerpo y se asocia con un mayor riesgo de infarto y accidente cerebrovascular. La evaluación puede incluir un índice tobillo-brazo (ITB) y una ecografía vascular para determinar si el flujo sanguíneo a las piernas está comprometido.

El tratamiento no necesariamente requiere un procedimiento. Para muchos pacientes, el tratamiento inicial incluye el control del colesterol, la presión arterial y la diabetes, dejar de fumar cuando corresponda, medicamentos y un programa estructurado de caminatas o ejercicio supervisado.

Para pacientes con síntomas que afectan significativamente su calidad de vida, o aquellos que desarrollan dolor en reposo o heridas que no cicatrizan, puede ser necesario un tratamiento para restablecer el flujo sanguíneo. Las opciones incluyen procedimientos mínimamente invasivos mediante catéter o derivación quirúrgica.

“Los pacientes no deben asumir que la dificultad para caminar o el dolor en las piernas son simplemente parte del envejecimiento”, dijo Salazar. “Si nota algún cambio, consúltelo con su médico. La enfermedad arterial periférica es tratable, y detectarla a tiempo nos brinda la mejor oportunidad para que los pacientes puedan seguir caminando, proteger sus extremidades y mantener su calidad de vida”.


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